Acudo al comercio de una de mis pacientes.
Después de estar un rato charlando aparece, de manera inevitable el tema de sus dolores y malestar.
-¿Debería acudir todos los meses para hacerme una revisión?
Pongo cara de asombro por la propuesta.
- Mis amigos dicen que debería hacerlo, al menos una vez al mes.
Sigo con cara de asombro.
Le explico concienzudamente que no, no hace falta acudir una vez al mes al fisioterapeuta para que nos haga un tratamiento de mantenimiento: masaje, movilización articular…
Como a todos los profesionales de la salud se debe buscar ayuda cuando realmente se necesita. Lo otro no hace sino aumentar la dependencia del paciente, haciendo que se sienta desvalido y “enfermo”. Algunos pacientes, con programas de tratamiento muy específico sí van a necesitar de más o menos visitas periódicas, pero nunca de manera sistemática, sino dentro de un programa de tratamiento concreto.
Apilar, de manera más o menos graciosa y ordenada, una serie de huesos no los convierten en una persona. Igual que tampoco lo hace la aplicación de un determinado estiramiento o una técnica de masaje. Las técnicas pasivas, en las que el paciente no tiene ninguna responsabilidad y sobre las que se sustentan la mayoría de estas afirmaciones como mínimo curiosas a la luz de los conocimientos actuales no son adecuadas para el manejo del dolor. En su lugar, se debe estimular la responsabilidad del paciente respecto de su propia salud. El resto no hace sino aumentar el gasto sanitario de una manera desproporcionada e ineficaz.
En este caso, además, me llama la atención la presión que sobre ella ejerce su entorno social, con buenas intenciones pero de manera equivocada. Este hecho me hace replantearme cuánta gente habrá en esta situación debido entre otros factores a una influencia externa. ¿Cuánto hemos influido nosotros, en mi caso fisioterapeuta, y por extensión los profesionales sanitarios en esta dependencia? Me temo que en gran manera.
Por último, y para mis pacientes, debo indicar la necesidad no sólo de ser responsables respecto de nuestra salud, sino también de contar con profesionales de confianza a los que acudir en caso de necesidad, no subestimando la importancia de una visita en el momento oportuno, los programas de prevención y cuidado de la salud.



6 comentarios
Carlos
21 febrero 2012, a las 12:52 (UTC 1) Enlace a este comentario
Me da que por cosas como estas, tu o yo no nos vamos a hacer ricos nunca.
Arturo
21 febrero 2012, a las 13:02 (UTC 1) Enlace a este comentario
Cierto.
Lo fácil es decir sí cuando el paciente se te ofrece a venir voluntariamente. Sin embargo, no es la mejor solución. Sigo prefiriendo la educación como arma terapéutica en estos casos. Oportunidades de acudir tendran!!!
David C. F.
21 febrero 2012, a las 15:32 (UTC 1) Enlace a este comentario
¡Que gran entrada!, estoy totalmente de acuerdo contigo y con Carlos. El paciente debe ser conciente de que debe actuar como “actor principal” y no como uno “secundario”. A los fisios no se nos puede olvidar que no vale de nada que el paciente se desenganche de las pastillas si se va a enganchar a la fisioterapia, con la típica frase de “estoy genial, siempre y cuando vaya a mi Fisio todos los meses”.¡No seremos ricos pero si sinceros! y eso lo valora mucho el paciente y nuestro cerebro!!!. Un saludo
Arturo
21 febrero 2012, a las 16:24 (UTC 1) Enlace a este comentario
Pienso que hay que ser honesto. No existen evidencias de que el paciente vaya a mejorar en mayor medida por visitar al fisio de manera habitual, como medida de “mantenimiento”. No sólo no van a mostrar una mayor mejoría sino que la medicalización del paciente juega en su contra. Desde luego, esta no es manera de maximizar el ratio entre beneficios y coste.
Por otro lado, pienso que sólo de esta manera se puede hacer un favor a la fisioterapia. Siendo serios en estos (y muchos otros aspectos) que nos diferencien de la “salud de mercadillo” conseguiremos la reputación que nuestra profesión se merece.
Saludos
FisioStacruz
23 febrero 2012, a las 0:06 (UTC 1) Enlace a este comentario
Bueno, aunque sea desde el móvil contestaré.
El problema, o la disyuntiva ética más bien, está en ese paciente que, aún habiéndole explicado que su problema está resuelto hasta nueva orden, o que la evolución natural del mismo hace que no sean necesqrias más sesiones; y el muchacho o muchacha en cuestión te insiste por activa y por pasiva que quiere seguir yendo a consulta X veces cada X tiempo. Y tú se lo vuelves a explicar, que no es necesario, y vuelve a insistir.
¿Qué haces en ese caso? Porque yo tengo un par de ellos así ahora mismo, y es muy bonito quedarse en que no se le trata. Pero, ¿qué ocurre si ya hemos dejado clara nuestra opinión profesional, e incluso en algún caso le hemoa dicho que es como robarle (he llegado q decirlo así), y el paciente sigue queriendo venir? Yo creo que si hemos sido completamente honestos con él no debe pesarnos aceptar su petición.
Yo, que como Arturo trabajo en el ámbito privado, tengo que tener en cuenta que también, además de paciente, es un cliente, y si no le he engañado en cuanto al “producto” que le estoy “vendiendo”, no obro mal tratándolo, pero siempre es una situación que me plantea dudas.
¿Cómo lo veis vosotros?
Arturo
23 febrero 2012, a las 8:47 (UTC 1) Enlace a este comentario
Esta es una situación difícil, más teniendo en cuenta que tal y como están las cosas es fácil que el paciente siga haciéndolo por otro lado, pudiendo perder el paciente para el futuro.
Si el paciente quiere, y está totalmente informado, creo que no está mal hacerlo. En tal caso, cambio de manera radical, explicando al paciente por qué, el enfoque de mis actuaciones. Creo que, en este caso sí es importante que se sepa:
1. no es necesario que el paciente siga viniendo a consulta por su problema inicial.
2. lo que vamos a hacer no tiene nada que ver con éste, sino que se trata de otra actuación, encaminada más bien a controlar o mejorar otros aspectos de salud, o por puro placer.
Aún así, en mi caso, no tengo pacientes en este caso puesto que entienden que no es necesario.