La mayoría de los pacientes acuden a la consulta de un fisioterapeuta por motivos relacionados con un trastorno doloroso que, de una forma u otra, afecta a diferentes esferas de su vida y no únicamente, como a veces podemos creer la parte sensitiva, que responde a la intensidad del dolor, localización, duración…
Los cambios en las esferas afectiva (¿crea ansiedad el dolor? ¿se encuentra el paciente deprimido, y en tal caso debido al dolor?), coginitiva (¿qué significado tiene el dolor para el paciente?¿qué estrategias de afrontamiento usa?¿actitudes y creencias?), pautas de conducta (¿altera la comunicación del paciente? ¿tiene un comportamiento de enfermedad que no corresponde con la gravedad de la lesión? ¿trastornos del sueño? ¿toma medicación debido al dolor? ¿en qué medida?) o social (¿se abstiene de relacionarse con sus amigos debido al dolor?, y al contrario ¿sus amigos rehuyen su contacto debido a que su vida gira en torno a su problema doloroso?¿tiene problemas en su trabajo’ ¿y en la família?), son especialmente importantes a la hora de tratar a un paciente con dolor y deben valorarse en la entrevista inicial.
Así es que, cuando acudáis a un fisioterapeuta, no os asustéis si se os pregunta, de una manera delicada, por estos aspectos, a la postre importantísimos para mejorar vuestra calidad de vida.
Suelo preguntar a mis pacientes qué entienden por dolor. Muchos, la mayoría, responden que es una señal de alarma del cuerpo para avisarte de que algo funciona mal, lo que es una respuesta aceptable para un dolor agudo (como el producido después de sufrir un esguince), pero seguramente no para un dolor crónico. Sin embargo, esto me sirve para establecer un punto de partida sobre el que basar la información que necesita recibir el paciente.
Otros, por contra, responden a esta pregunta de una manera menos clara, apelando a los aspectos citados anteriormente: ¿qué tendré? me provoca estrés, empiezan a pasar cosas por mi cabeza, no puedes trabajar, me siento inútil… son respuestas que no nos hablan del aspecto sensitivo del dolor, sino de los descritos más arriba y que se corresponden de manera más o menos directa con las famosas banderas amarillas. Es a estos últimos pacientes a los que considero que un tratamiento mediante pedagogía del dolor les es más útil.

